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  • Sep 2014
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    Nuestra piel nos habla

    Dra.: María Ximena Ocampo: Medicina Estética

    Un poco de estrés es normal, necesario y muy positivo, sin embargo el exceso de estrés no sólo altera el organismo por dentro, también perjudica notablemente al manto cutáneo que se manifiesta con incómodas molestias e imperfecciones.

    La piel es el principal órgano del cuerpo humano que logra establecer una conexión entre lo interno y lo externo como fuente de sensaciones. Psicológicamente puede vincularse con las creencias acerca de cómo nos ven los otros, las inseguridades, incertidumbres, pérdidas, preocupaciones, y alteraciones nerviosas; en ella se reflejan los pensamientos y sentimientos más íntimos, recibe caricias y golpes, siente el calor y el frío, la excitación y la frialdad afectiva. Sus afecciones incluyen desde pequeños trastornos reactivos como palidez, rubor, sudoración, piel de gallina, etc., hasta urticaria, alergias, eczema, psoriasis y muchas otras enfermedades dermatológicas.

    Las células cerebrales de los centros nerviosos reciben todos los mensajes, los positivos y negativos, y mientras la transmisión esté equilibrada, todo funcionará bien. Pero cuando aparece una situación muy estresante, los envíos positivos disminuyen su velocidad de entrega y empiezan a fallar, y son precisamente, los mensajes negativos los que se apropian de la persona, induciéndola a un estado de desequilibrio químico cerebral conocido como sobre-estrés, el cual produce muchos efectos negativos en el organismo de los que tampoco se libra la piel.

    Las manifestaciones cutáneas de ese estado son tratables porque los efectos epidérmicos que se muestran con la aparición de acné, eccema, psoriasis, picazón en la piel, caída del pelo, sudor excesivo, rosácea, caspa, herpes oral y urticaria, pueden atajarse con los productos adecuados. El estrés contribuye a que la piel pierda su luminosidad y su aspecto sea mate y sin vida por lo que necesitará un plus de compuestos que alivien ese semblante. No olvidemos que a causa del estrés surgen otras condiciones que se manifiestan con episodios de insomnio, ingerir alimentos y bebidas en exceso y tabaquismo, actividades que también reflejan sus efectos secundarios en la piel.

    ¿Cómo nos afecta la piel?

    Las situaciones estresantes producen desniveles hormonales. Cuando algo produce estrés,
    el cuerpo reacciona emanando hormonas con diferentes objetivos como en el caso del cortisol y la adrenalina; precisamente el exceso de cortisol, un esteroide reconocido como la hormona del estrés, aumenta sus niveles durante semanas, meses o incluso años, se producen daños en el organismo, afectando el sistema nervioso e inmunológico, la fertilidad y los huesos. Algunos estudios recientes dejan claro que niveles altos de cortisol generan un lapsus en la memoria y ciertos tipos de diabetes. Los desequilibrios en la producción de cortisol y adrenalina también inducen a la inestabilidad de los estrógenos y la testosterona, interfiriendo directamente en el estado y apariencia de la piel.

    La solución
    Se debe atacar la causa que ha dado origen al problema porque aunque el estrés no se puede eliminar, sí se puede controlar. Es muy importante conservar la calma y modificar las actitudes, pese a que las circunstancias a veces no están bajo nuestro control, sí podemos tomar las riendas con respecto a la forma como reaccionamos ante ellas.

    Cuando el estrés nos ha producido erupciones en la piel debemos tratarlas con medicamentos tópicos o cremas cosméticas, así como someternos a masajes, técnicas de inmersión, acupuntura, meditación o yoga.

    Ingredientes que benefician la piel

    Todas las sustancias que intenten aliviar, refrescar y suavizar la piel pueden considerarse benéficas para mejorar las imperfecciones cutáneas producidas por el estrés. Aceites grasos esenciales, algas, vitaminas y otros compuestos son sumamente convenientes para ser ingeridos y aplicados a diario.

    Omega 6: el ácido gamma-linoleico se utiliza para combatir la sequedad extrema de la piel, su uso frecuente resulta muy positivo para reducir el picor, e impide que la piel se descame. Igualmente, su aplicación tópica reduce las espinillas, los granos y en definitiva, todas las inflamaciones producidas por el acné.

    Algas: protegen la piel de las agresiones externas y promueven la regeneración celular.

    Vitaminas C y E: dos tipos de vitaminas que ofrecen máxima protección contra los radicales libres y los procesos inflamatorios de la piel como quemaduras de sol. La vitamina E conviene a las pieles con pérdida de brillo.

    Colágeno: ayuda a restaurar su producción natural.

    Elastina: proteína que permite la flexibilidad de la piel, por lo general se encuentra con las cremas de colágeno.

    Té verde: potente antioxidante que ayuda a la regeneración de las células de la piel.

    Ácido hialurónico: se encarga de lubricar el tejido conectivo, manteniéndolo suave y fuerte a la vez. Es un excelente humectante.

    Revista # 9


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