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    Yoga facial
  • 23
  • Nov 2015
  • Yoga facial

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    El rostro refleja la personalidad. Una persona que tiende a estar enfadada todo el tiempo parecerá enfadada aunque no lo esté, a diferencia de alguien de sonrisa fácil. Hay que tener en cuenta que los músculos faciales suelen expresar estados de ánimo. El yoga facial es una técnica que cada día suma cientos de adeptos en todo el mundo porque ayuda a combatir las arrugas, contribuye a un estado más relajado y a tener un cutis más reluciente. Los ejercicios se basan en la gestualidad, que va desde sonrisas y muecas hasta distintos tipos de masajes en los músculos específicos.

    La tersura de la piel depende también de las fibras elásticas que esta técnica se encarga de fortalecer, con el fin de revitalizar la dermis. Los ejercicios del yoga facial ayudan a reafirmar los rasgos y atenúan al mismo tiempo la aparición de arrugas y líneas de expresión. Además, mejora la regeneración celular y el flujo sanguíneo, al oxigenar los tejidos desde las capas más profundas.

    La base del yoga facial es la respiración más que los estiramientos. Respirar bien trae beneficios: relajación, contacto con las emociones y control de la ansiedad y oxigenar la piel, lo que da como resultado un rostro mucho más bello y ayuda a atenuar los gestos cotidianos y sus marcas acentuadas con el tiempo; recupera la lozanía en pieles envejecidas, demacradas o carentes de tono; provocando también que los músculos faciales aumenten su volumen y su capacidad de almacenamiento de sustancias nutritivas. Con todo ello los rasgos se moldean, se disuelven las tensiones faciales y mejoran las funciones corporales de manera radical.

    Rutina de yoga facial:

    1. Calentamiento. Realice círculos suaves con la cabeza, inhale al subir la cabeza y exhale lentamente al bajarla. Realice 10 círculos hacia un lado y 10 en sentido contrario. Este ejercicio ayuda a relajar el cuello, la cara y la mandíbula y a prepararse para realizar el resto de los ejercicios de la mejor manera.

    2. Relaje ojos y frente. Cierre los ojos, relájese, respire suavemente y ábralos lentamente. Sin mover la frente, imagine un reloj y mueva los ojos en el sentido de las manecillas del reloj, repita el giro 10 veces y luego en sentido contrario otras 10 veces más. Esta postura refresca e hidrata los ojos, además de relajar la tensión en la frente. Es ideal para quien permanece mucho tiempo frente al computador.

    3. Suavice mejillas y labios. Infle de aire las mejillas y transfiera el aire de un lado a otro, por lo menos cinco veces. Repita el ejercicio cuatro veces. La zona de mandíbula por lo general guarda mucha tensión y este ejercicio es útil para relajarla y suavizar su expresión.

    4. Relaje cuello y mandíbula. Lleve la cabeza hacia atrás y mire hacia el techo, relajando cuello y hombros. Trague saliva. Luego gire la cabeza ligeramente hacia la derecha y trague saliva; después hágalo hacia el otro lado. Repita cuatro veces. Este ejercicio fortalece los músculos del cuello y relaja los músculos faciales.

    5. Descanse frente y ojos. Abra los ojos como en señal de sorpresa, sin arrugar el entrecejo o la frente. Enfoque su atención en un punto por 10 segundos. Repita cinco veces. Este ejercicio fortalece los músculos oculares, descansa la mirada, da brillo a los ojos y reduce la tensión de la frente y el entrecejo.

    6. Diga “AAAHHH”. Coloque la mano derecha sobre el pecho y la izquierda sobre la coronilla. Con los ojos cerrados, abra la boca, inhale por la nariz y al exhalar diga “aaahhh”. Repita cinco veces. El sonido “aaahhh” crea una vibración en el pecho que abre el corazón. Este ejercicio lo conectará con su ser, relajará todo el rostro y le dará una sensación de bienestar.

    7. Afloje la mandíbula. Libere la mandíbula y abra la boca. Deje que la punta de la lengua descanse detrás de los dientes inferiores y relaje la cara. Observe su respiración. Coloque, sin presionar, las yemas de los dedos en la parte inferior de la mandíbula. Este ejercicio ayuda a liberar la tensión de la zona y mejora la circulación sanguínea en toda la cara.

    8. Desintoxique el rostro. Inhale profundo por la nariz, haga puños con las manos y apriete todos los músculos faciales. Luego exhale a la vez que abre la boca, saque la lengua, mueva los ojos hacia arriba y abra las manos. Repita tres veces, este ejercicio estimula la circulación sanguínea del rostro.

    9. Medite. Haga un puño con la mano izquierda y envuélvala con la derecha, con los dos pulgares juntos. Cierre los ojos e inhale por la nariz y exhale lentamente por la boca de tal modo que la respiración llegue a los dos pulgares. Repítalo por tres minutos. Este ejercicio relajará su mente y refrescará la expresión de un rostro.

    10. Ejerza el arte de sonreír. Cierre los ojos y respire lentamente. Recuerde o imagine algún momento grato. Lentamente sonría. Cuando sonreímos hacemos muchos gestos que a la larga se convierten en líneas de expresión marcadas en el rostro. Al realizar este ejercicio, podrá liberar la tensión de las mejillas y aprender a sonreír de forma franca y relajada, evitando con ello la aparición de líneas de expresión.

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